jueves 5 de enero de 2012
Acorralado por el tridente que conforman el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, el pueblo griego debe ajustarse un cinturón donde ya no quedan agujeros por hacer. A la Troika no se le ocurrió mejor idea que presionar al gobierno heleno para que implemente una fuerte reducción del salario mínimo por debajo de los 600 euros, petición que fue rechazada de plano por los sindicatos
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Grecia
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